jueves, 2 de febrero de 2017

Carta del último día en que nos vimos. [1]

Miércoles, 25 de enero de 2017.
8:25pm.
Querido José:
Este día transcurrió de forma extraña, hubo nubes, pero también estuvo soleado de a ratos. Yo esperaba que lloviera porque para mí las tormentas significan 'nuevos cambios', nada de tristezas o cosas así, no, porque la lluvia nos limpia de todos los rastros de estos malos días, así que vi conveniente que hoy sucediera, ya que en menos de veinticuatro horas te vas a otro país, pero no, raramente eso no pasó, no logro entenderlo. En fin, quiero hacer un recuento de mi día, me levanté cerca de las nueve de la mañana con el rostro de un sapo con ojos rojos e hincados, sí, el hecho de que me haya pintado ayer el cabello y ahora sea medio-rubia no quiere decir que me he vuelto en una maldita vacía y que no pueda llorar como las perras en las películas, pero créeme cuando te digo que tenía esas intenciones. Lo que pasó fue qué, ayer después de abrazarte dos veces —sin decir ninguna palabra de aliento porque sentía que así haría la despedida más larga y dolorosa—, me fui actuando que no me afectaba para nada tu ida, pero la verdad es que me volteaba cada tres pasos para ver como te alejabas con mi papá y Nelson hacia el restaurante para hablar con el jefe, pensando que esa sería la última vez que te vería, así, de espalda y dejando todo atrás. Eso de verdad me puso mal. Llegué a mi casa diciéndome, Daniela, te está pasando otra vez. Nada de lo que anheles es posible, te dejará aquí sola sin saber nada, sin tú haber hecho nada. La historia de no lograr nada, se repite. Entonces, me puse como loca y le escribí a Eduardo (el chico de seguridad que trabaja con nosotros) para preguntarle si seguirías hoy temprano en el sitio en el que vivías para ir a visitarte —en realidad no sé de dónde coños salía tal fuerza de voluntad para hacer eso— y así despedirme de una forma más sentimental o qué sé yo. Eduardo te llamó para averiguarlo y al instante me dijo que tu papá te había pasado buscando para que pasaras la noche en su casa; y mi mundo explotó —suena ridículo y todo, pero así se sintió —, mis fuerzas fueron cayendo una por una, la ansiedad se apoderó de mi respiración, nada tenía sentido, mis mensajes ya no enviaban para ingeniar otro plan con Eduardo, a mi alrededor todo se desplomaba y mientras sentada sentía una extraña presión dentro de mis costillas, como si me arrancaran el alma, mi único deseo era gritar. Me limité a encerrarme en mi cuarto "para dormir" con las luces apagadas, y coloqué una lista de reproducción de canciones que se adaptaban completamente a mi situación:
My Chemical Romance - Cancer 
Daft Punk - Instante Crush ft. Julian Casablancas 
 Soda Stereo - De música ligera
Twenty One Pilots - Goner
Airbag - Por mil noches
Las que son en español son las que más me hacen pensar en ti, sobre todo la última, porque siento que hablara de nosotros. Qué irónico, ¿no? Pues una vez te dije que no me gustaba el rock en español, cuando tú eras todo lo contrario, mírame ahora. Lloré mucho, cerca de dos horas hasta lentamente quedarme dormida; hacía tiempo que esto no me pasaba, eso de retorcerme entre llantos en la noche mientras el resto duerme, en sumo silencio cuando toda yo me estoy destruyendo. Por lo general trato de ocultar las señales de que estuve llorando, pero hoy al medio día mi mamá al verme me preguntó: ¿por qué lloraste toda la noche, que tienes esos ojos tan hinchados? ¿estás cansada de la vida o qué? Me dio risa, ella ni se lo imagina. Pero sí, estaba cansada, no de la vida, simplemente sin ánimos ni alientos, desesperanzada.
 Y es entonces, cuando por fin me llegan los mensajes de Eduardo para decirme que estarías en el restaurante dentro de un rato, así que, si quería verte tenía que alistarme enseguida porque corría el riesgo de que no aguantaras mucho tiempo ahí y te fueras. Comí, me bañe, vestí, y antes de poner un pie en la calle tuve que inventarle a mi mamá la gran excusa de que iría con Jhana (la morena que trabajó conmigo en otro lugar) a reclamarle a nuestros ex-jefes el pago de la semana que nos debían. Salí victoriosa, ahora, el siguiente paso era no llegar demasiado tarde, porque si iba y no te encontraba, colapsaría, porque quizás la ilusión de verte por última vez era lo que me mantenía de pie, nada más, tenerte cerca y sonriendo era lo único que necesitaba. Gracias a Dios o a lo que sea, ahí estabas, con tus lentes de sol y camisa blanca, adorable, sentí muchísimo alivio al poder saludarte de nuevo, pero, tenía un nudo en la garganta al saber que muy pronto tendría que resignarme a perderte de aquí hasta quién sabe cuando. Me sentía apagada, sin saber qué hacer, Eduardo decía que se me veían las ganas de llorar, y yo mientras tanto fingía serenidad...
C O N T I N U A R Á . . . 

2 comentarios:

  1. Hola querida Daniela, en mi escasa experiencia de cosas triste referente al amor he aprendido que una de las cosas más difíciles es aparentar serenidad cuando sientes que te explota el pecho y los ojos se tornan brillosos, cuando quieres salir corriendo o teletransportarte. So, mucha fuerza con todo, en algún momento cuando menos lo creas verás la luz al final del túnel. Love you <3

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  2. ESE CONTINUARÁ. Oh, Dios. Me has dejado con el corazón en la garganta, sobre todo porque me parece que leí al principio que al final no se fue...
    Amaya

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