lunes, 6 de febrero de 2017

Carta del último día en que nos vimos. [2]

Miércoles, 25 de enero de 2017.
8:25pm.
Querido José:
... Me quedé por un momento sola mientras tú ibas hacia el bar a cobrar las cuentas de los clientes del restaurante, puesto que en éste estaba fallando el punto de venta; miré hacia una de las neveras y la encontré repleta de marquesas, recordé que hace poco habías dicho que tenías ganas de comerte una de chocolate blanco, pero que estaba muy cara como para comprarla. Pero yo tenía el dinero suficiente en mi cartera. Al instante, vi a Eduardo con un plato en cada mano, así que lo ayudé y juntos te llevamos el almuerzo, te vimos comer y me dejaste tu ensalada, lo cual fue lindo ya que tú por lo general no compartes la comida. Saqué de sorpresa la marquesa, que exactamente no era del sabor que querías porque de esa no había, pero que de todas formas te sacó una sonrisa ya que tú comes cualquier cosa, así que sí valió la intención. La comimos entre los tres, y de la nada llegó Jhana, pensé que había llamado a mi casa y arruinado toda la farsa que yo había montado en mi casa antes de salir, pero no fue así, de alguna manera me cubrió, creo que el destino estaba de mi lado. Luego llegó mi papá y no nos quedó más que compartir cuentos y risas. Ponerme tus lentes y tú mi suéter, escuchar rock, que me mostraras uno de los dibujos que una vez hice estando aburrida en el trabajo y que sin yo saberlo guardabas en tu cartera, que me dieras tu carnet estudiantil de recuerdo y me acariciaras el cabello por última vez.
Mi momento favorito fue cuando se nos ocurrió ir a comer helado sin decirle a nadie, tú, Jhana y yo, llegar a la heladería y que ella tuviera que irse en realidad fue coincidencia, eso no lo habíamos planeado, pero no cayó mal. No sabes cuán nerviosa estaba, no sabía cómo comportarme ni qué decir, menos mal que de eso te encargaste tú...<<Entonces, ¿soy una rata?>>, comenzaste diciendo porque hace rato yo te acusaba de haberte besado con la tipa de treinta años y con aquella que llamamos "bandida" por ir con un hombre diferente cada que va al bar —lo cual no me gusta recordar—, y te defendiste aclarando que eso no era como yo creía, que no lo habías hecho, que en tu vida sólo habías tenido una novia real y no recuerdo que más; nada de eso cambia el recuerdo de lo que hiciste, pero sentí que todas esas justificaciones que me diste eran para que no te fueras mientras yo tuviera una mala imagen de ti, y así fue. A continuación dijiste que, ¿estábamos en una cita romántica? Pero que nunca antes habías estado en una de éstas, y pensándolo bien, yo tampoco. Tuvimos nuestra primera cita romántica juntos, justamente un día antes de que te fueras... Qué triste, me hubiera encantado tener un millón más de esas contigo. Y aunque no éramos los mejores en ellas, pues dime, ¿a quién se le ocurre hablar de la virginidad en un momento así? Hubiera deseado que nadie nos interrumpiera, pero tu papá llamó para avisarte que pronto pasaría buscándote, y nos apresuramos a terminar el helado. Ahora que hago memoria, hubo momentos en los que te encargaste de darme en la boca y yo intentaba hacer lo mismo —me alegra no haber hecho ningún desastre pues mis manos de verdad temblaban—, fueron detalles muy lindos. También te pedí que te quitaras los lentes por unos segundos, ¿te acuerdas? Era porque quería ver esos bellos ojos tuyos color atardecer que tanto me encantan, me harán mucha falta esas extrañas miradas que a veces nos dedicábamos, en las que nos decíamos 'me gustas, pero es un secreto'... Creo que en eso éramos especialistas, en observarnos, en anhelarnos, en tratar de llegar al fondo de nuestra alma por medio de la mirada, porque eso era lo único que se nos permitía...
 Salimos de allí y nos fuimos camino abajo, te pregunté: <<¿y no piensas regresar, no sé, para visitar a tu mamá?>>, como última oportunidad para mantener las esperanzas. Pero dijiste: <<No, en ese caso le enviaría dinero para que ella me visite a mí... Porque, ¿quién me queda a mí aquí por visitar si ya todos se van? ¿si ya todos mis amigos hicieron sus vidas, a quién voy a visitar... a Daniela?>>. Y yo respondí "claro" con la voz apagada. <<Ajá, ¿pero y si te vengo a visitar y tu mamá me da unos cuantos golpes?>>, ingeniaste como para liberar la tensión, <<Pues, tú se los devuelves>>. <<Ajá, ¿pero y si tu papá me corta la cabeza? ¿cómo vamos a hacer?>>, interpusiste una vez más, dudé un segundo sobre qué responder, pero las palabras se me escaparon: <<Pues entonces tú... espera, ¿cuál cabeza?>>. Y ambos no pudimos aguantar la risa, pero fue algo incómodo, no sé por qué se me salió. Más abajo, te tomé del brazo para ir entrelazados, y al hacerlo me sonreíste de una forma muy adorable, demasiado, tanto así que me alegré de haberlo hecho, y al instante unos muchachos que te conocían al vernos así te gritaron "¡eso José, por fin te volviste hombre!", nos reímos y me mencionaste por lo bajo: <<Lo que ellos no saben es que yo continúo siendo gay, no mucho, pero sí un poquito>>. Cuando te escuché decir eso en forma de broma, ni te imaginas las ganas que me dieron de frenarte ahí mismo y exigir... Hagamos la prueba, bésame. Pero no, iba a parecer muy lanzada. Así que me resigné a seguir caminando tomada de tu brazo mientras me contabas la historia de las frases "rascado y enamorado" y "se cogieron a mis mujeres y no pude defenderlas", que tanto decían tú y los demás muchachos del trabajo. Sí que pude gozar de reír con eso.
Llegamos al centro comercial, y tuviste que ir con mi papá al restaurante, en eso apareció nuevamente Jhana, y junto a Eduardo empezaron a atosigarme para saber si te había besado o dicho algo, y al revelarles que no, me atacaron con que, tú si eres lenta, por qué no lo hiciste, así que les respondí gritando: <<¿QUÉ SE SUPONÍA QUE LE IBA A DECIR, JOSÉ TU ME...>> Y entraste por la puerta. Estuvo cerca, pero otra vez, nada pasó. Luego tu papá llegó, nos abrazaste a todos bruscamente, a mí me dijiste "I love you so much" y saliste corriendo. Esta noche también lloré, porque ya sabía que te había perdido sin siquiera poder haberte dicho... José, tú me gustas.
Siempre tuya,
Daniela. 

jueves, 2 de febrero de 2017

Carta del último día en que nos vimos. [1]

Miércoles, 25 de enero de 2017.
8:25pm.
Querido José:
Este día transcurrió de forma extraña, hubo nubes, pero también estuvo soleado de a ratos. Yo esperaba que lloviera porque para mí las tormentas significan 'nuevos cambios', nada de tristezas o cosas así, no, porque la lluvia nos limpia de todos los rastros de estos malos días, así que vi conveniente que hoy sucediera, ya que en menos de veinticuatro horas te vas a otro país, pero no, raramente eso no pasó, no logro entenderlo. En fin, quiero hacer un recuento de mi día, me levanté cerca de las nueve de la mañana con el rostro de un sapo con ojos rojos e hincados, sí, el hecho de que me haya pintado ayer el cabello y ahora sea medio-rubia no quiere decir que me he vuelto en una maldita vacía y que no pueda llorar como las perras en las películas, pero créeme cuando te digo que tenía esas intenciones. Lo que pasó fue qué, ayer después de abrazarte dos veces —sin decir ninguna palabra de aliento porque sentía que así haría la despedida más larga y dolorosa—, me fui actuando que no me afectaba para nada tu ida, pero la verdad es que me volteaba cada tres pasos para ver como te alejabas con mi papá y Nelson hacia el restaurante para hablar con el jefe, pensando que esa sería la última vez que te vería, así, de espalda y dejando todo atrás. Eso de verdad me puso mal. Llegué a mi casa diciéndome, Daniela, te está pasando otra vez. Nada de lo que anheles es posible, te dejará aquí sola sin saber nada, sin tú haber hecho nada. La historia de no lograr nada, se repite. Entonces, me puse como loca y le escribí a Eduardo (el chico de seguridad que trabaja con nosotros) para preguntarle si seguirías hoy temprano en el sitio en el que vivías para ir a visitarte —en realidad no sé de dónde coños salía tal fuerza de voluntad para hacer eso— y así despedirme de una forma más sentimental o qué sé yo. Eduardo te llamó para averiguarlo y al instante me dijo que tu papá te había pasado buscando para que pasaras la noche en su casa; y mi mundo explotó —suena ridículo y todo, pero así se sintió —, mis fuerzas fueron cayendo una por una, la ansiedad se apoderó de mi respiración, nada tenía sentido, mis mensajes ya no enviaban para ingeniar otro plan con Eduardo, a mi alrededor todo se desplomaba y mientras sentada sentía una extraña presión dentro de mis costillas, como si me arrancaran el alma, mi único deseo era gritar. Me limité a encerrarme en mi cuarto "para dormir" con las luces apagadas, y coloqué una lista de reproducción de canciones que se adaptaban completamente a mi situación:
My Chemical Romance - Cancer 
Daft Punk - Instante Crush ft. Julian Casablancas 
 Soda Stereo - De música ligera
Twenty One Pilots - Goner
Airbag - Por mil noches
Las que son en español son las que más me hacen pensar en ti, sobre todo la última, porque siento que hablara de nosotros. Qué irónico, ¿no? Pues una vez te dije que no me gustaba el rock en español, cuando tú eras todo lo contrario, mírame ahora. Lloré mucho, cerca de dos horas hasta lentamente quedarme dormida; hacía tiempo que esto no me pasaba, eso de retorcerme entre llantos en la noche mientras el resto duerme, en sumo silencio cuando toda yo me estoy destruyendo. Por lo general trato de ocultar las señales de que estuve llorando, pero hoy al medio día mi mamá al verme me preguntó: ¿por qué lloraste toda la noche, que tienes esos ojos tan hinchados? ¿estás cansada de la vida o qué? Me dio risa, ella ni se lo imagina. Pero sí, estaba cansada, no de la vida, simplemente sin ánimos ni alientos, desesperanzada.
 Y es entonces, cuando por fin me llegan los mensajes de Eduardo para decirme que estarías en el restaurante dentro de un rato, así que, si quería verte tenía que alistarme enseguida porque corría el riesgo de que no aguantaras mucho tiempo ahí y te fueras. Comí, me bañe, vestí, y antes de poner un pie en la calle tuve que inventarle a mi mamá la gran excusa de que iría con Jhana (la morena que trabajó conmigo en otro lugar) a reclamarle a nuestros ex-jefes el pago de la semana que nos debían. Salí victoriosa, ahora, el siguiente paso era no llegar demasiado tarde, porque si iba y no te encontraba, colapsaría, porque quizás la ilusión de verte por última vez era lo que me mantenía de pie, nada más, tenerte cerca y sonriendo era lo único que necesitaba. Gracias a Dios o a lo que sea, ahí estabas, con tus lentes de sol y camisa blanca, adorable, sentí muchísimo alivio al poder saludarte de nuevo, pero, tenía un nudo en la garganta al saber que muy pronto tendría que resignarme a perderte de aquí hasta quién sabe cuando. Me sentía apagada, sin saber qué hacer, Eduardo decía que se me veían las ganas de llorar, y yo mientras tanto fingía serenidad...
C O N T I N U A R Á . . .