jueves, 15 de diciembre de 2016

Por qué tanta ausencia 1/2.

Voy a escribir por aquí, porque tengo que escribir por aquí. Ya es hora. Já, esto suena a cuando te propones hacer la tarea pero no te lo permite la pereza. Vengo a dar la respuesta de una pregunta que sólo hablando conmigo he dicho, ¿Por qué dejaste de escribir en tu blog? Pues, simplemente porque nada se compara a las hojas viejas de los cuadernos de mi estantería, a un sorbo de café seguido de oraciones trazadas por la tinta negra de mi bolígrafo, al olor y el ruido que suelta el hojeo de las páginas manuscritas, pero sobre todo, la sensación de satisfacción al terminar una agenda con mis memorias y colocarla junto a las demás. Sí señores, he dejado todo por el arte tradicional de mantener un diario, o bueno, no simplemente uno sino varios; esa es otra razón por la cual esto sucedió, pues de repente un día noté la gran cantidad de libretas que tenía y en lo que escribía dentro de ellas: en una narraba mi día a día, en otra habían notas e ideas sobre posibles historias, una tercera plasmaba no más que pensamientos llenos melancolía y hasta unas cuatro más con textos cortos, poemas y frases. Cada una de ellas inconclusas. Por lo que me propuse a completarlas, y de esta manera comencé en agosto del año pasado sin ningún tipo de apuro, mientras pasaba mis días en el gimnasio y los escribía sin omitir detalles, de día y de noche. Terminé un diario antes del regreso a clases y justo me fui por el siguiente, pero con los trabajos y las vueltas que solían dar mi vida y mis emociones, el tiempo se me escapaba de las manos y sólo usaba mis escasas oportunidades para ponerme al tanto de éste. Así fue que empecé a verlo más primordial que mi blog.

Finalizando el primer lapso de clases, tuve que presentar mi proyecto de vida en el colegio, y para ello me basé en la literatura. Hice una gran libreta a mano que constaba cerca de doscientas hojas, y nada más gocé de un fin de semana para poder llenarla, es decir, no dormí absolutamente nada en esos días. Le coloqué un cuento, un cómic, fragmentos de mis novelas y la mayoría de las entradas en mi primer blog; pero aun así no lo terminé. Fue realmente estresante y agotador, pero el cansancio que me produjo al mismo tiempo me generaba felicidad. Así que, más que nunca caía en cuenta de que escribir era a lo que yo en verdad pertenecía; cosa que obviamente me llenaba de emoción, pero, al mismo tiempo de tristeza, pues ya había quedado en el acuerdo de estudiar Medicina conmigo misma. Por ende, sabía que debía aprovechar los lacónicos días que me quedaban de ahí a la graduación para escribir, pues después de eso ignoraba las situaciones en las que podía estar envuelta (universidad, cursos, trabajo). Pero, diciembre estuvo lleno de idas y venidas: las elecciones de los diputados de la Asamblea Nacional y la celebración por parte de todos los que apoyábamos a la oposición; un viaje de fin de semana a los páramos andinos con mis primas, en dónde literalmente una vaca casi aplasta mi cabeza mientras yo dormía en una carpa y dónde casi roban mi teléfono —estuvo desaparecido cerca de cuatro horas—. Ah, en esa oportunidad también tuvieron sexo una tipa y un tipo que ni siquiera conocía en la misma cama que me habían prestado, eso fue antes de salir corriendo hacia la carpa. Fue un fin de semana traumático. Luego mi familia hizo una gran fiesta en celebración de los cincuenta años de una de mis tías, y ésta terminó en problemas pues me descubrieron besándome con un chico. Asimismo falleció la madre de una de mis mejores amigas, justo para el veintidós del mes y estuve con ella en eso del funeral y los rezos. Por último fueron las fiestas de navidad y año nuevo, ésta segunda también trajo problemas y golpes por circunstancias parecidas a las de la fiesta de mi tía. Y de esta manera se me fue el 2015, sin poder escribir.

Este año lo comencé con labor social —trabajo comunitario— como requisito fundamental para graduarme de bachiller. A mis compañeros y a mí nos asignaron en un geriátrico, fue una experiencia muy bonita, servíamos el desayuno a los adultos mayores, compartíamos juegos de mesa con ellos, hacíamos dibujos, dinámicas, conocíamos las historias de sus vidas enteras y de cómo llegaron a aquel sitio, por lo que a veces era muy triste, pues habían personas tan agradables que podían ocupar el lugar de un abuelo/a o de alguien más de tu familia. Eran como niños abandonados que te daban ganas de adoptar. Y como nuestro cierre era en carnaval, hicimos una gran fiesta de disfraces, con serpentinas, máscaras, globos de colores, pitos, y coronamos a los reyes y reinas del baile. En instagram tengo esta foto en la que le coloco la banda a una señora llamada Aura que es todo un amor, tiene 85 años, me contó que de joven fue enfermera y que siempre llevaba el cabello amarillo y sus labios rojos, que el único hombre que amó se llamaba German pero que éste murió de un derrame cerebral cerca de sus 70 años, tuvo dos hijos, pero uno de ellos falleció a los veinte —según ella porque la esposa lo envenenó— y el otro actualmente tiene leucemia, debido a esto no puede estar al pendiente de ella y de su condición de pie diabético. Son muchas cosas tristes para una abuelita tan dulce.


Conocer las realidades de las personas que habitaban allí de verdad nos sensibilizó mucho, algunos quedamos en volver en alguna ocasión, por mi parte para visitar a Aura, y eso hicimos el día de su cumpleaños dos amigas más y yo, el 28 de abril. Después de esa fecha no volví a saber más de ella puesto que, comenzábamos tercer lapso y se venía lo que a todos más nos aterraba: entrega del proyecto de investigación. Es algo así como una tesis, pero más suave ya que estamos en secundaria y si no lo presentas, en definitiva no te gradúas. Y yo la verdad me estaba volviendo loca con eso; primero, porque mi grupo se estaba disolviendo —anteriormente estaba con las que se volvieron mis ex-amigas—; segundo, el tema que teníamos hablaba sobre los pacientes psiquiátricos y quedó estancado por la privacidad que les daban los doctores a éstos mismos por el estado de las instalaciones en las que vivían, tercero, era una locura comenzar desde cero otro proyecto a esas alturas y teniendo sólo de ayuda a la inútil de la nueva profesora. Pero entonces, ocurrió lo milagroso: una amiga que estaba sola y que tenía su investigación prácticamente hecha —gracias a la tutoría de su padre—, decidió incluirnos. Así de fácil, sí, yo también le llamo a eso golpe de suerte. Lo único que hicimos nosotras las coleadas (Estela, Agneris y yo) fue redactar el último y más breve capítulo, sobre encuestas y resultados, comprar materiales para lo que íbamos a presentar, pues ahora nuestro planteamiento se basaba en la "Elaboración artesanal de shampoo, desodorante y crema dental como alternativa rentable a la crisis económica"; porque soy de Venezuela y por si no lo saben, nada de eso se encuentra por aquí. Finalmente, estudiamos, realizamos los productos, llegó el día de las exposiciones y fuimos uno de los mejores grupos, sin mucho trabajo ni nada, fue genial.

Por otro lado, en el ambiente de clases todos compartíamos esa vibra adolescente de disfrutar el último año que nos quedaba en el colegio, y a lo que existía tanta confianza entre sí, nos volvimos un poco locos y aprovechamos cada oportunidad para "formar una gozadera" en la que eramos todos contra todos, hacíamos, deshacíamos, y por consiguiente actuábamos como si nadie hubiera hecho nada. Lastimosamente, no tuvimos último timbre —donde todos nos rayaríamos las camisas, nos tomaríamos fotos, lloraríamos, y sellaríamos nuestra partida— porque a la loca de la directora le dio por quitarnos la última semana de clases de imprevisto para que no hiciéramos el mismo desastre de la promoción del año pasado. Así que, hicimos uno peor, acordamos reunirnos en la entrada del colegio, hicimos ruido, quemamos libros, tiramos basura y explotamos cosas. Fue un cierre diferente, sí, sin tristeza, pero muy vacío. No sé si es que yo soy muy sentimental o qué, pero de verdad hubiera preferido llorar con todos ellos. Y es que, así mismo fue la graduación, rápida y sin emociones, duró menos de dos horas, recibimos nuestros títulos, di el discurso de mi promoción, nos tomamos unas cuantas fotos y todos nos fuimos, no hubo algún plan o celebración, al fin y al cabo no hubo nada más después de eso. Yo me fui a almorzar con mi mamá y la familia de mi mejor amiga, y ocurrió lo que escribí en la entrada anterior, fue incómodo y muy decepcionante.

De pronto llegué a un limbo mental junto a mis vacaciones, pero eso es algo que hablaré en la siguiente parte.
Daniela.

3 comentarios:

  1. *Ok, estoy organizando mis ideas para el comentario. Tenias tiempo sin publicar algo tan largo*.
    Te he dicho miles de veces que amo como escribes, haces que el tiempo se pase volando, me alegra saber que por fiiiin la Daniela a terminado su infinidad de diarios inconclusos!. Me siento orgullosa de saber que haz hecho un proyecto de vida tan largo (algun dia pasalo), por lo menos yo no aguantaria tanto escribiendo, que tiempos tan hermosos cuando apenas comenzábamos el 5to año he ignorábamos muchas de las cosas que estaban por venir, de como eramos simples adolescente siendo adolescente, y ahora extraño tener una rutina, sin embargo estoy feliz de haber terminado esa etapa de mi vida. JAJAJAJA me acuerdo del sexo, tu teléfono extraviado ¡PERO NO DE LA VACA QUE TE APLASTARIA EL CRÁNEO!. Las labores sociales son de las mejores, terminas conociendo personas con un historial extraordinario (ahora que lo menciono, tengo que escribir acerca de alguien que conocí en amazonas, me parece que no te conté).
    Esos amigos que te agregan en los trabajos CUANDO NO HICISTE NADA se merecen el cielo, la tierra, las estrellas, la galaxia jajaa DE TODO. Hacer desodorante es fácil B). También recuerdo que les cancelaron el ultimo timbre y la impotencia que sientes (y me imagino sigues sintiendo). Saluditos.

    PD: Estare esperando la segunda parte ;), ya estas en mis blogs amigos. Lofiu.

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  2. No se si ya te he contado, pero yo nunca he logrado terminar un diario. No logro escribir todos los días, mucho menos escribir cada cosa que me pasa, pero sí escribo cosas aleatorias, tengo como seis o siete libretas que he venido llenando de lo que se me venga en gana desde el 2012. ¿Todavía quieres entrar a Medicina? No es con ganas de sonar cliché, pero si le echas ganas, puedes escribir. Yo entré determinada a seguir dedicándole al menos un poquito de tiempo a mis hobbies, por que si no te vuelves loca, jaja. Es un barullo de información de todo tipo, pero he logrado escribir un tanto a pesar de todo. Menos de lo que escribía en Bachillerato, pero aún así. Mucha gente dice que te despidas de tu vida si estudias Medicina, pero no tiene porqué ser así.
    Leí tu anterior entrada, pero la verdad es que no supe qué comentar. Pasé días y días sin saber qué decir. Todo lo que se me ocurría resultaba muy vano para describir la decepción que me produjo que te arruinaran un día tan importante.
    Pero bueno... me alegra mucho que esa vaca no te aplastara el cráneo, jaja. ¡Y también que hicieran ese desastre en el colegio! Se lo merecían XD
    Un gran montón de brillantina,
    Amaya

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  3. Me alegra saber de tu vida :) Por lo visto has tenido altibajos, pero de una u otra forma has hecho cosas productivas, espero que estés estudiando lo que te gusta y no lo que consideras una obligación, medicina es una gran opción pero al final consume tu vida. Lo del colegio parece haber sido un final muy divertido, recuerdo que solo fui consciente de estar en último año el último día de clases, cuando observé a mis compañeros y me di cuenta de lo grandes que eran. Respecto a la graduación la mía fue similar, exceptuando los inconvenientes familiares.

    Te deseo un 2017 muy feliz, en el que tus problemas de ahora se resuelvan y tu relación familiar mejore ❤

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