viernes, 4 de diciembre de 2015

Pasa que me enfrasco en cosas pequeñas.

Tengo tantas cosas que contar.
Pero en realidad creo que los cuentos serán muy resumidos, o simplemente es que no son tan largos como así los tengo en mi cabeza, o también está que no quiero aburrirlos con novedades que a ustedes no les interesa, porque soy muy tediosa a la hora de dar detalles sobre lo que me sucede. Intentaré ser breve. ¿Dónde había quedado? Ah sí, comencé mi último año de secundaria, y tenía muchos temores con respecto a qué sería de mi en ese repetido escenario donde flotaba mi esencia gris antes de vacaciones, no quería que volviera atraparme ese mal estado de ánimo, no quería confundirme hasta llegar el punto de que no se sintiera mi presencia. No quería nada de eso, y extrañamente la vida me escuchó. Mi alegría el primer día fue exuberante, los salude a todos con un gran abrazo, mi sonrisa encajó en mi rostro toda la tarde y hablé de mi gran evolución con aquellas personas que no había visto desde hace meses con tal calidez que acepté un "haz madurado", como un hermoso cumplido. De esa manera transcurrieron las primeras semanas, podía sentir la confianza de hacer y decir lo que quisiera, por lo que me decidí y un día sin enunciarlo me dirigí a platicar con las personas que me habían hecho daño, arreglamos los cabos sueltos, cada una dio su lado de los hechos y quedamos sin rencores. Incluso me propuse a ayudarlas para unirlas un poco más con el resto del grupo (porque eran las excluidas en la sección), así que se hizo una reunión y fueron invitadas, por lo que los demás también pudieron decirles lo que pensaban con respecto a ellas. En esa misma ocasión me di cuenta de una cosa: me comenzaba a gustar mi mejor amigo. Y todavía no entiendo cómo eso podía ser posible, porque ni siquiera pasábamos tanto tiempo juntos como hace cuatro años. Quizás un día me detuve a mirarlo con más precisión y comenzó a florecer ese sentimiento en mí; y eso, agravado con lo fantasiosa que es mi mente hizo que me convenciera la idea de que si llegábamos a tener una relación, sería muy buena para ser cierta. Pero, ignoraba un miedo que no paraba de zumbar ante mis ojos: enamorarme de él cuando él ya no estaba enamorado de mí. Porque sí, lo estuvo los primeros tres años de secundaría, y yo lo sabía a pesar de que él nunca me hubiera dicho nada.

Cada cosa era muy incierta, y no tuve de otra que confesar lo que sentía. Pero los resultados no fueron como quería, pues en su vida ya existía otra, otra que yo conocía y pasaba todas las tardes junto a nosotros en clases. No eran algo estable, pero estaban en proceso de serlo. Decidí alejarme, tomar otro camino, comenzar de nuevo; pero de repente me vi entre ellos dos siendo su consejera. Juro que intenté dar lo mejor de mí, pero así, clavaba más profundo en mi herida. Por segunda vez quise apartarme, pero en lugar a eso, él me haló de vuelta pues estaba "confundido", supuestamente cada vez que hablaba conmigo le recordaba los tiempos en que yo le gustaba. Así que, se desató entre nosotros el cariño, el decirnos cosas bonitas, el desvelo charlando, la emoción de vernos, las sonrisas tímidas, y todo esto en un periodo muy corto. Él estaba entre las dos; y yo, además de él, era la única que lo sabía. Finalmente, él terminó con toda esa ilusión porque decidió quedarse con ella, con la que ya había arriesgado bastante. Y entré en colapsó, rabia por sentir que jugó conmigo (aunque nunca nos besamos), molestia por ser la segunda opción, humillación y culpa por dejar que esto me afectara, decepción por no ser la correspondida, y tristeza por creer que nuestros doce años de amistad ya habían valido verga. Porque sí, la pelea fue fuerte. Tan solo imagínenme a mí escuchando ballenato por toda una semana, a tal extremo llegué. Pero, llegó mi cumpleaños y nos reconciliamos.

Y ese día fue increíble, todos estaban felices y esperaban con ansias a que llegara al colegio para felicitarme, nos tomamos muchas fotos y me prepararon una pequeña fiesta en casa de una amiga. Todo lo que no imaginé pasó ese miércoles, y la verdad es que, aunque pudiera, no cambiaría nada.

Dejé de escribir cosas tristes por él, no sentía la necesidad de hacerlo a pesar de que a veces doliera admitir lo sucedido. Yo recibí mi golpe, pero él también; puesto que la chica con la que quiere estar, recientemente fue novia de otro de los de nuestro grupo, así que, todos se la tomaron a mal y lo evitaron por unas semanas porque prácticamente él le estaba robando la novia a un amigo. Y no era la primera, sino la segunda vez que lo hacía. En fin, la melancolía a veces me visita y siento como si todo lo que había aprendido en vacaciones estuviera perdido, leo aquello que escribí cuando creía estar estable y no puedo encontrarme allí, es primera vez que estoy sin rumbo dentro de mi soledad, como si necesitara de algo o de alguien. Otro de mis problemas se desvía a lo que quiero estudiar al entrar en la universidad, y se intensificó más este lapso de clases ya que nos asignaron hacer "un proyecto de vida", yo elegí hacerlo en referencia a Letras (literatura) porque escribir últimamente lo es todo para mí, pienso en ello todo el tiempo, y ha superado cualquier otro sueño que haya tenido, siento que nada más se ajusta a mí. Pero eso en mi país no da dinero, porque terminas siendo un profesor. Así que, entré en un dilema existencial: estudiar Medicina o Letras. Porque mi promedio es lo suficientemente alto para estudiar lo primero, y nadie quiere que desperdicie mis notas en una carrera "no tan buena", y yo sé que el dinero no lo es todo, pero si quiero viajar, tener una casa, un carro y demás cosas, obviamente lo necesitaré. Pensé, analicé, discutí y lloré por varias semanas hasta llegar a una conclusión; estudiaré medicina, pues sé que aunque eso estudie, yo seguiré escribiendo, y además quiero llenarme de más conocimientos que no sean simplemente hacer análisis literarios o redacciones. Pero si puedo, hago paralelo con letras y termino estudiando las dos carreras.

Pasa que en eso he perdido mi tiempo estos últimos dos meses, quizás luego monte una foto del libro que hice para mi proyecto. ¡Y ya se nos vino diciembre! Espero escribir mucho en mis cuadernos y superar las peores navidades de la vida (las de hace un año), en realidad quiero pasarla bien, y espero lograrlo. Perdonen mi ausencia en sus blogs, muy pronto pasaré a comentarles. Por último, quise cambiar la apariencia del blog porque ya Pale Skin Youth no encajaba conmigo, quería algo muy sencillo, sin etiquetas y sin la iniciativa, ¿qué les parece?
Recuerden que los sigo amando.


Daniela.