lunes, 9 de noviembre de 2015

El último martes.


Nov•03•2015
Martes.

Y ha llegado la hora de decir adiós.
Pero los finales a veces parecen tardar para cerrarse completamente, porque las mentes no están seguras de lo que quieren y dan falsas esperanzas a las que anhelan ser correspondidas. Y a la final, ¿Cuál es el sentido de todo esto? ¿Aceptar que soñar jamás servirá de nada? ¿Hacerte más fuerte? ¿Qué no debes confiar de lo que salga de la boca de otro? Porque tú simplemente lo dejaste todo sin preguntarme cómo eso me haría sentir; y a pesar de que me prometí a mí misma no pasar malos ratos por ti, las lágrimas suelen ir más rápido. Tal vez te diste cuenta de que mi felicidad debía compartirla con alguien que invierta su tiempo en mí, y tú con aquella que robe cada pensamiento de ti. Tú elegiste a una, y esa no fui yo, no fui la primera opción que dictó tu corazón. Y después de todo, todavía me engaño diciéndome que me querías más a mí, pero que no podías aceptar por miedo a que lo nuestro parecía ser algo tan bello e inesperado que estallaría algún día por ser tan perfecto, que era muy bueno para ser verdad. Basura. Yo te aconsejé que te arriesgaras, y ahora que lo analizo, pudiste haberlo hecho conmigo. Pero mi vida es tan cruel que no puede recompensarme con lo que quiero, me retrocede al momento en que comenzó la fantasía de un gran amor, dándome a entender una vez más que no merezco nada. Y a mis casi dieciséis, escribo entre mis llantos la tortura de cómo es sentir algo inmenso que nunca has experimentado y que lamentablemente no se dio. Sólo estaba jugando a que quizás podía amar, pero de esa forma perdí el control, y creo que alguien más fue quién se divirtió. No imaginaste la escena en que todo acabaría porque nuestro cariño era clandestino, y necesitabas comenzar a escribir esa historia que cargaría con la opinión de cada uno de los que estaban a tu alrededor, no fue tu intención buscar algo arriesgado; ni como la mía lo es ahora borrar esos años insignificantes en los que de verdad nos queríamos aunque no apreciáramos toda la disponibilidad que teníamos el uno para el otro. Ya no podré decirte esas cosas románticas que con dificultad te pude preparar, y por siempre me quedaré con la duda de qué podrías hacer escrito en aquella carta en la que desahogarías los anhelos más recónditos que en persona no podías decir.

Ahora siento que las horas van más lento, que una palabra puede ser infinita, que mi cabeza flotará sobre aguas interminables, que todo color al tocarme se convertirá en gris, que un parpadeo durará un minuto y en camino me traerá de ida y vuelta más de una vez. ¿Y tal vez merecía yo todo esto? ¿Cuenta como fallo enamorarse? ¿Es mi culpa sentirme de esta forma? Supongo que también lo será que nos alejemos una vez más, porque ya no puedo actuar como si nada, ya no sé cómo es hablar contigo, si quiera recuerdo cómo mirarte. Y todo se hará más difícil con ver que todos los días ese amor que pretendía ser para mí, se lo estás dando a otra. Lloraré un par de noches más por éste tipo de cosas ridículas. Pero, aprenderé que quizás todo sucedió por vivir dentro de un sueño y no luchar por eso que queríamos vivir, o porque yo sólo soñaba y tú sólo vivías, por lo que finalmente, de nuevo, no funcionamos.

Daniela.