martes, 4 de agosto de 2015

Seres extintos.


Feb•22•15

En mi tramo hacia el vacío no sentía nada más que gritos hundidos por la desesperación, la locura y el colapso; eran voces que suplicaban ser desatadas como una jauría de demonios que empujaban contra cualquier lógica que quisiera derrocarlos. Esa no era yo. Pues estaba invadida, por emociones perdidas. Las cuales acogí como mías, en una inhóspita creencia de poder enfrentar cualquier degollina sin cobardía. Me degradé a mí misma hasta el punto de no saber lo que sucedía, ellos habían provocado mi recaída. Pero esta vez, el camino hacia mi autodestrucción era distinto; podía ver la entrada, más no la salida. 

Petrificada como un cuerpo muerto, los golpes ya no surtían efecto, las cicatrices no sangraban, el fuego no quemaba, la ausencia de oxígeno no atosigaba; solo las lágrimas que vislumbraban con la fuerza de la lluvia, torturaban la conciencia explotada en miles de pensamientos y me cegaban al paraíso corroído en el que creía haber vivido, me mantenían cautiva en una celda a mí medida, para darme lo que no quería, con lo que sufriría.

Porque era la única que al parecer merecía un castigo.

Solo fue hasta el momento en el que abrí mis ojos que reflejaban el oscuro agujero por el que me había arrastrado, cuando descubrí un pequeño destello que me observaba desde la lejanía. Su visita me llenó de nostalgia, 
¿Qué hacía que estuviera allí?
¿Sufría como yo lo hacía?
¿Esperaba que yo fuera salvada?
Las dos opciones me derrumbaban, porque sentiría más dolor por ella que por mí al conocer sus yagas; o caería en una inmensa decepción contra mi alma por saber el hecho que desde hace hace milenios ésta ya había sido vendida como un anhelo perdido.

Al cabo de un tiempo, lo entendí.

Me estaba esperando.

Porque solo podía mirar la ruina que me depararía, en lo que me convertiría.

Era la culminación de un ciclo para el comienzo de otro, deambular en la dulce espera de otro ser extinto, como el mío. Para así curar la miseria de muchos, sacar el veneno y expulsar a los ángeles caídos en búsqueda de nuevas dimensiones, esperando a que regresen trayendo más frutos podridos. Porque no importa si lo has superado, o si nunca lo has vivido, porque todos somos víctimas de una injusticia, ¿No es así? Sólo se necesita un tropiezo.

Daniela.

6 comentarios:

  1. No se porque es asi pero me fascinan mucho mas tus escritos cuando no los entiendo del todo, se nota que para ti son muy personales, y eso me encanta. Fue hermoso, a pesar de que me transmitiera un poco de tristeza. Sencillamente espectacular. Un beso.
    Maria.

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  2. Que precioso escrito, lo unico bueno de tantas cosas malas, es que la inspiracion esta uff, a tope, te quiero Dani♥

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  3. Por dios y te atreves a decirme que tus escritos no son cualquier cosa.
    Me encanto, fue demasiado creativo, algun dia tengo que escribir como tu querida.
    Besos!.

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  4. La verdad, me sorprende mucho cómo escribís, se nota que sabes cómo hacerlo y cómo dejar lo que queres expresar en palabras. Te aplaudo por eso.
    La última frase me llegó mucho y me dejó pensando en situaciones de mi vida.

    Besos.

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  5. Buenaas ¿nos conocemos verdad? jajaj ¡no conocía este blog tuyo!
    Genial texto *-*
    besitos

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  6. Ni tropiezo, a veces... basta con un respiro y todo cae a tu alrededor, sin que hayas hecho nada para merecerlo.
    Un copo nieve bien, pero bieeeeen raro,
    Amaya

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