lunes, 24 de agosto de 2015

Querida Daniela: Una vez arriba, ruedas por la colina.

Los días en el gimnasio siguieron en marcha veloz, al mismo ritmo en el te montabas a la caminadora e inventabas con tu amiga hacer carreras a pesar de que los demás las miraran raro. También cantaban la música tediosa en forma de broma que por lo general sirve para que las personas se froten en las fiestas. ¿Recuerdas? Ella te hacía tragar tu orgullo y unirtele en coro.

Odio esa cancióndije.
—¿Ah sí? Entonces... —trasformó su cara como si me hiciera serenata—.
 Dime si tú quieres algo conmigo, cómo explicarte que quiero ser más que amigos.
 Dime si tú sientes lo mismo, estando a tu lado pudo sentir que sonrío.
 Dime si tú... 
—comenzó a recitarme.

Poseías una clase de ilusión tonta e imposible, que era normal, pues la mayoría de las chicas que entran principiantes inmediatamente quedaban flechadas con el instructor de Cross-training. Simplemente porque te corregía más de lo habitual, más de lo que corregía a cualquiera, y en una de esas hasta se equivocó, y se disculpó muy apenado mostrando una pequeña sonrisita que se esfuerza por ocultar. Y cuando por fin te preguntó como te sentías, respondiste con la mayor estupidez de todas: "Me siento violada". Sí, porque de seguro ya te habían violado un par de veces, ¿no?.

—Daniela, ¡Qué no podías usar otra palabra! —reclamó ella.
—Es que... Creo que entré en pánico —me excusé.

Ella decía que tenías tremenda obsesión con él. Pero tú te defendías diciendo que cuando haces ejercicio actuabas como borracha. Y se burlaron de la loca idea de crear una novela inspirada en todo lo que les había pasado hasta los momentos. Lo mejor de todo eran las clases de step, por su música, el entusiasmo y los gritos de los demás, el increíble espíritu de la instructora que de apariencia te recordaba a tu madrina hippie, pero sobre todo, la alegría que te transmitía, esa sensación de sentirte única, en tu momento, como si nada más importara y tus movimientos fueran los mejores. Y a pesar de que no conocías tan bien a ninguno, eran tan amables que te sentías parte de algo.

Estabas viviendo, siendo feliz.

Y te diste cuenta que no lo eras del todo, pues todavía te aferrabas a algo del pasado. Una tarde te tiraron la verdad como si fuese comida para perros, para ser devorada, destrozada en segundos y por fin ser asumida. Pero esta verdad era amarga, y costaba tragarla. Así que te asustaste como nunca, al ver lo rápido en que te podías salir de quicio, tener malos pensamientos acerca de las personas que solo deseaban lo mejor para ti, dudar, aferrarte a tu odio, pensar que lo más adecuado era estar sola pues ninguno te entendía y que siempre elegirían por encima de ti, porque creían que eras la única que hacía las cosas mal. Gracias al cielo, no te quedaste callada. Dejaste en claro que no podías sanar de la noche a la mañana, porque los restos del daño que te habían hecho seguían dentro de ti, y quizás una parte tuya en lugar de soltarlos lo que hacía era pulirlos todos los días. Eso era. Así que terminaste aceptando que aquella persona que te lo dijo tenía algo de razón. Y extrañamente al instante se sintió un gran alivio. Porque un suspiro que pesadamente se había atorado en tu pecho, lo estabas dejando ir.

Nuevamente, comenzaste a subir la dura colina en busca de tu felicidad, creyendo acabar con el capítulo de las múltiples sombras que no querías volver a mirar jamás.

Pero entonces, una relación se acaba. Abofeteándote , y escupiéndote en la cara que provocas que las cosas se vengan abajo, que estás dañada, que engañas a los demás porque haces que se acerquen a ti para luego empujarlos por un precipicio. Estabas recuperándote de un mal trago, y de repente vino alguien más a querer envenenarte con otra copa. Te quería halar otra vez a una discusión sin lógica ni fin. Como si fueras de su propiedad o un perro faldero quizás. Él nunca entendió, que no eran nada más que amigos. Y que no tenías la obligación de quedar bien ante sus ojos, o ser la persona que él quería que fueras, estar a su ritmo y hacerlo feliz sin importar que tú fueses infeliz. "Fui quien te ayudó a que salieras adelante, y a la final pago yo...", añadió.


No, no, no, no, me perdonarás la palabra, pero tú ya no estabas para esas mamadas.

La única responsable de tu felicidad y de tu capacidad para prosperar siempre has sido y seguirás siendo tú. Y bueno, él se creo su propio cuento en la cabeza dejándote a ti como una culpable, ¿sólo por querer estar en paz con tus padres antes de qué con él? ¿Qué persona cuerda hace ese tipo de ultimátum a una niña de quince años? Tú no ibas a desperdiciar las oportunidades de tu juventud por una amistad en la cual ya ni te sentías cómoda. Así que jamás te arrepientas de haber acabado con esa situación. Aunque hayan tiempos extremadamente malos  y pienses que la vida te está castigando con cualquier clase de karma. No te dejes vencer, recuerda que los mejores momentos de tranquilidad vinieron cuando ya ni percibías su existencia; cuando lo depositaste en el pasado, junto a los demás escombros que te afligían, pues ahí era adonde pertenecía. No merecía formar parte de tu futuro. Porque de esa manera era que no podías avanzar, cosa que él nunca imaginó que sería posible.

Era momento de retomar el paso hacia la cima, esta vez más fuerte y estable que antes. La cima era apenas un comienzo. Te esperaban muchas cosas, hoyos, cuestas, altos pastizales, hiedra venenosa, sequías, tormentas, piedras, animales salvajes, trampas cazadoras, cercas eléctricas, y todo tipo de obstáculos. Y sin siquiera luchar te tiraste a la cómoda de un fango estancado en la mitad de un desierto, porque ya no querías saber de más nada, estabas decepcionada de ti misma y te estabas dando por vencida, ¿y por qué era? Porque no habías bajado nada de peso desde que entraste al gimnasio. Sí Daniela, era ridículo. ¿Qué le dirías a otra persona si estuviera bajo ese mismo dilema? Que las cosas no se obtienen simplemente en el instante que las deseas, que no era así de sencillo, que se necesita dedicación y disciplina, más no rabietas de adolescente caprichosa. Debías volver a poner los pies dentro de la realidad. Y recordar que era más importante obtener tu felicidad antes que cualquier cosa, porque de lo contrario aquella figura que tanto anhelabas se convertiría en una ilusión vacía. Pues buscarías y buscarías sin marcar límites, porque si no podías aceptarte en ese estado, no te aceptarías en ningún otro. Ya era tiempo de madurar en ese sentido, y de dejar de tener dos pedazos de plástico en la cabeza.

La colina cambiaba a medida que marcabas el curso. Se ponía más inclinada cuando más duro estabas trabajando o más lejana cuando más apresurada estabas. Pero no importaba si al llegar arriba ésta te hacía rodar cuesta abajo por la colina, porque sabías que te levantarías, te quitarías la mugre del rostro y volverías a levantarte emprendiendo una nueva meta; porque en realidad comenzabas una diferente travesía, cada vez que caías todo se convertía en un juego o una aventura. Era más extraordinaria tu capacidad para seguir dando grandes pasos, que la altura de cualquiera de las eminencias que se habían cruzado en tu camino y ya habías sobrepasado.
Siempre tuya,
Daniela.

5 comentarios:

  1. Hola Daniela. ¿Como has estado? Tranquila, ya obtendrás el peso que deseas, todo tipo de esfuerzo obtiene un resultado, tu sigue así. Siéntete infinita siempre, siempre. Un beso!
    María.

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  2. ¡Hola Daniela!
    Pues estoy en las mismas, también me he inscrito en un gimnasio y no he perdido peso, creo que tengo poca fuerza de voluntad.
    El peso no debe ser algo de lo que nos sintamos avergonzados.
    ¡Un abrazo inmenso!
    -Sabrina Gomes.

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  3. Estoy constantemente convenciendome de que haciendo ejercicio todo mejora. Intentemos no rodar por la colina fisicamente y mantengamos nuestra cabeza fría y en el frente. No necesitamos distractores.

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  4. Aplausos a esta carta. Es todo lo que se tiene que decir.
    Un público bien, pero bieeeeeen admirado,
    Amaya

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  5. Daaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaniღ Mi preciosa, me alegra un mundo leerte, siempre será grato tener tus lindas palabras aquí y allá, debo decir que no hay nada que tus seguidores podamos opinar, o quizás si, pero de acá yo ya no puedo aconsejarte, tu lo has dicho todo en una sola carta, y el problema quizás es que a veces sabemos que es lo que pasa, sabemos que es lo que hay que hacer para mejorar, pero no lo hacemos, quizás es ahí donde estamos mal. De todas formas, tienes que ser fuerte, y si quieres adelgazar esta bien, pero toma su tiempo, y es más, tan siquiera debes de preocuparte yo te veo un cuerazo! eres lindisimaღ
    Con cariño,
    Leahღ

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