miércoles, 29 de julio de 2015

Querida Daniela: Hago cosas nuevas.

 Creo que en estos momentos empezaste a ver la luz, o bueno, al menos te estabas apartando de ese rincón en la oscuridad que te oprimía de tener pensamientos claros. Se sentía algo raro, ¿No es así? Porque estabas tan acostumbrada a pasar las horas sin una sonrisa en tu rostro aun así fuese por nada, a no preocuparte de nadie, ni siquiera de ti, a pensar que nada tenía solución, a considerarte un punto gris fuera de un cuadro blanco, a sentir que la música ya no te conmovía, a verte como alguien sin gracia y en última fila, a creer que ya nada te sorprendería, a desvanecerte como si tuvieras que formar parte de tu entorno, como si no quisieras estar allí, como si tuvieras los deseos de desaparecer, o simplemente cambiar de vida. Querías ser otra cosa, pero no tenías los ánimos para nada. Porque no encontrabas una razón para experimentar algo más que no fuese respirar o perder tu tiempo. En tu cabeza solo existían acantilados de los que caías en un sin fin blanco, sólo te distraías cuando las corrientes rápidas de viento podían quemar tus  brazos y mejillas, pero nunca te estrellabas. Quizás estabas cayendo en reversa. ¿Pudiste notar el momento en el que te viste arriba? Puede que la salida estuviese afuera, encontraste vida, emociones, no sentías más la inerte monotonía de todos los días; porque adentro estaba la muerte, aquella pesadez a tu altura, la llamada soledad que tanto amabas, pero que sin saberlo te mataba. Justo antier apareció aquella estrella, el cielo era de un tono azul nocturno no muy oscuro, estaba tan despejado como para patinar sobre él y tú, al mirarla de reojo creíste que había destellado exclusivamente para ti, probablemente para darte a entender que la acompañaras en esa velada como era de costumbre. Pero no le hiciste caso, cerraste tus párpados y Morfeo te arropó con sus sábanas cubiertas de flores adormecedoras. Y ningún pensamiento perturbo tu sueño, porque viniste de vuelta al mundo a la siguiente mañana. Me alegré mucho por ti, de verdad no sabes cuánto.

Ya no sentías tanto ese vacío de antes. A pesar de que muchos de tu curso no regresarían a compartir las tardes contigo entre esos las dos Marías, no pararon de buscarse, sus relaciones no habían llegado a un fin, de hecho, comenzaban a intensificarse. Y el tiempo de repente iba más rápido, los eternos malestares se venían apaciguando. No suplicaste por sobras de amor, incluso fuiste tú quien puso las reglas en el juego para ganar el premio, y así despreciaste a aquel que no vio todo lo que valías porque optó por rechazar el reto. Preferiste tu bienestar antes que el del otro, y era eso lo que te hacía falta, ya basta de no ponerle importancia a la gravedad de tus problemas. Te resignaste a las consecuencias de terminar con el grupo que una vez creaste, pero, ¿Sabes qué? Éstas no eran malas. Todo lo contrario, te trajeron paz, estabilidad, nuevas personas, nuevas experiencias, te acercaron más a tu familia, ya no sentías esa obligación de ser la responsable, la aburrida, esa que se ahogaba en los planes. La música volvía a ir al ritmo de tu corazón. Comenzaste a ser quién habías olvidado ya hace tanto. Y una de las cosas más valiosas fue descubrir que la persona que estaba al margen logró ver en tus ojos la triste mirada que con muchas lágrimas se había inundado. Porque cuando le dijiste que te sentías mal, apartada, presionada, solitaria, cansada y sin poder dormir; ella te respondió: "Por favor no me digas eso, que me aparte el alma y me preocupa". Y eso fue lo mejor que pudo haber dicho, porque hasta la fecha, desde ese viernes 13 de marzo de 2015, sus palabras siguen dándote tal melancolía hasta el punto de abrumar tu pecho y querer llorar. Porque por fin a alguien le habías importado. Es indescriptible la emoción que sientes por las sorpresas que provienen de parte de personas de las que nunca habías esperado nada. Daniela, ¿Por qué no pudiste prestarle atención mucho más antes, cuando todavía la tenías cerca? En fin, ya ni la distancia o el tiempo se contaban. Era increíble, la veías todos los días, y no existió ninguno de ellos en el que te arrepentiste de estar con la persona que tenías a un lado, no pudo existir nadie mejor. Esas dos niñas que fueron al entrar a su primer año de secundaria, nunca se habrían imaginado que estarían cuatro años después en un gimnasio, pasando en él seis días de la semana creando nuevas memorias, eliminando tus malas energías, pasando pena ante chicos musculosos, sudando como cerdos, dañando máquinas, y dando mucho de que hablar. No pensarían que después de tanto seguirían teniendo la misma confianza, inclusive una mejor. Sabemos de quién hablamos, y te exijo que la llames para recordar todo esto, a tu absoluto opuesto, esa pequeña morena a la que podrías rogarle hasta el fin de la vida por su perdón —porque como en la canción que te dedicó a juego: en el amor hay que perdonar. Era esa que sabías no era solo tuya, pero sí que era real, y simplemente eso hacía valer al máximo cada momento a su lado.

Siempre tuya,
Daniela.

5 comentarios:

  1. Es sorprendente como la luz regresa sin que nos demos cuenta, hasta que ya nos ciega O: (no me ha pasado hasta ese punto) pero creo que podría suceder pronto ^^
    Todo está mejor ¿verdad?

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  2. Hola! Oh que lindo lo que escribiste :3 me gusto mucho..
    Nos estamos leyendo!

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  3. Hola! gracias por pasar por mi blog n.n
    me ha gustado mucho la forma en que escribes
    y el diseño de tu blog me recuerda a una serie de adolescentes, a mi me gusta eh
    te sigo
    saludos <3

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  4. Hey! Dani queria decirte que te he nominado a un premio en mi blog..
    Besos

    Esther.

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  5. La luz regresara cariño, no se cuando pero lo hara. Es magnifico lo que haces, ya te lo he dicho, besos♥

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